de eso, no había ningún fallo. Lo bueno del asunto era, verás, que nada podía salir mal. Ya sabes cómo es, por regla general, cuando quieres que el tipo A esté en el punto B exactamente en el mismo momento en que el tipo C está en el punto D. Siempre hay posibilidad de que surja un contratiempo. Toma el caso de un general, quiero decir, que está planeando una gran maniobra. Le dice a un regimiento que capture la colina del molino de viento en el preciso instante en que otro regimiento toma la cabeza de puente o algo así allá abajo en el valle; y todo se enreda. Y luego, cuando lo comentan por la noche en el campamento, el coronel del primer regimiento dice: «¡Ah, perdón! ¿Dijiste la colina del molino? Creí que habías dicho la del rebaño de ovejas». ¡Y ya la tienes liada! Pero en este caso, no podía pasar nada parecido, porque Oswald y Bingo iban a estar en el lugar todo el tiempo, de modo que lo único de lo que tenía que preocuparme era de llevar a Honoria allí a su debido tiempo. Y eso lo conseguí sin problemas, al primer intento, pidiéndole que me acompañara a dar un paseo por los jardines, ya que tenía algo importante que decirle.
Había llegado poco después de comer en el coche con la muchacha Braythwayt. Me presentaron a esta última, una