Supongo que, tratándose de un tipo de una sensibilidad sumamente delicada y todo eso, un cierto grado de tristeza y angustia habría seguido a este arruinamiento de los planes matrimoniales del joven Bingo.
O sea, si mi naturaleza hubiera sido noble, me habría afectado muchísimo. Pero, entre una cosa y otra, no puedo decir que dejara que me pesara demasiado en la conciencia.
El hecho de que menos de una semana después de recibir la mala noticia me encontrara al joven Bingo bailando como una gacela indómita en Ciro’s me ayudó a sobrellevarlo.
Un pájaro resistente, Bingo. Puede estar abatido, pero jamás vencido.
Mientras estos pequeños romances suyos están en marcha, no hay nadie más ferviente y desolado; pero una vez que el fusible se funde, la muchacha le entrega el sombrero y le ruega, como un favor, que no vuelva a dejarse ver jamás por allí, vuelve a resurgir tan alegre y radiante como siempre.
Si lo he visto suceder una vez, lo he visto suceder una docena.
Así que no me preocupé por Bingo. Ni por ninguna otra cosa, a decir verdad. Entre una cosa y otra, no recuerdo haber estado más optimista que en esta época de mi carrera. Todo parecía marchar sobre ruedas. En tres ocasiones distintas, los caballos en los que había invertido una suma considerable ganaron por varios cuerpos en vez de sentarse a descansar en mitad de la carrera, como suelen hacer los caballos cuando tengo dinero apostado