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nydus/Jeeves StoriesPublic
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La pureza del césped

metros, terminaba en un soportal abierto en un muro alto. Más allá de este soportal se llegaba a un tramo del camino de entrada, el cual hacía una curva de unos treinta metros más hasta perderse tras un espeso arbustedo. Me puse en el lugar del muchacho y pensé en qué medidas tomaría con un segundo lacayo pisándome los talones. Solo había una cosa que hacer: salir huyendo hacia el arbustedo y ponerse a cubierto; lo que significaba que habría que recorrer al menos cincuenta metros, una prueba excelente. Si el buen viejo Harold lograba esquivar el desafío del segundo lacayo el tiempo suficiente para alcanzar los arbustos, no había monaguillo en Inglaterra capaz de darle una ventaja de treinta metros en los cien. Esperé, hecho un manojo de nervios, durante lo que parecieron horas, y de repente se oyó un ruido confuso en el exterior, y algo redondo, azul y lleno de botones salió disparado por la puerta trasera y zumbó hacia el soportal como un mustang. Y unos dos segundos después salió el segundo lacayo, corriendo a más no poder.

No tenía ningún misterio. Absolutamente ninguno. El campo no tuvo la menor oportunidad. Mucho antes de que el lacayo llegara a la mitad del recorrido, Harold estaba en los arbustos, arrojando piedras. Me alejé de la ventana con un estremecimiento en la médula; y cuando me encontré a Jeeves en las escaleras, estaba

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