Nadie es más consciente que yo de que el joven Bingo Little es, en muchos aspectos, un tipo la mar de majo.
De un modo u otro, me ha hecho la vida bastante interesante a intervalos desde que estábamos en el colegio. Como compañero para pasar un rato alegre, creo que lo elegiría a él antes que a nadie.
Por otra parte, debo decir que tiene cosas que podrían mejorarse. Su costumbre de enamorarse de una de cada dos chicas que ve es una de ellas; y otra es su forma de hacer partícipe al mundo de los secretos de su corazón. Si buscas una reticencia discreta, no acudas a Bingo, porque de eso tiene tanto como un anuncio de jabón.
Quiero decir—bueno, aquí está el telegrama que recibí de