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nydus/Jeeves StoriesPublic
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Jeeves y el huésped indeseado

veintitrés años, era alto, delgado y de aspecto sumiso. Tenía el mismo cabello amarillo que su madre, pero lo llevaba aplastado y con raya al medio. Sus ojos también saltaban, pero no eran brillantes. Eran de un gris apagado con los bordes rosados. Su barbilla se daba por vencida a mitad de camino, y parecía no tener pestañas. En suma, un tipo apacible, escurridizo y abochornado.

—Me alegra muchísimo verte —dije—. Así que te has venido para acá, ¿eh? ¿Vas a pasar una buena temporada en América?

“Más o menos un mes. Tu tía me dio tu dirección y me dijo que no dejara de visitarte”.

Me alegró oír esto, ya que demostraba que la tía Ágata empezaba a ceder un poco. Había habido cierta tirantez un año antes, cuando me había enviado a Nueva York para desatar a mi primo Gussie de las garras de una corista de sala de fiestas. Cuando os digo que, para cuando hube terminado mis operaciones, Gussie no solo se había casado con la chica, sino que él mismo se había subido a las tablas y le iba bastante bien, comprenderéis que la tía Ágata se disgustó lo no sabe nadie. Sencillamente, no me había atrevido a volver para darle la cara, y fue un alivio descubrir que el tiempo había curado la herida y todo eso lo suficiente como para pedirles a sus amistades que me buscaran. Lo

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