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nydus/Jeeves StoriesPublic
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Jeeves y el huésped indeseado

No estoy absolutamente seguro de mis datos, pero más bien me figuro que es Shakespeare⁠ —o, si no, algún otro tipo igual de listo⁠— el que dice que siempre es justo cuando un muchacho se siente particularmente pletórico, y más animado de lo habitual con las cosas en general, cuando el Destino se le acerca furtivamente por la espalda con un trozo de tubería de plomo.

No cabe duda de que el hombre tiene razón. Me pasa exactamente así.

Tomemos, por ejemplo, el asunto bastante estrafalario de Lady Malvern y su hijo Wilmot. Un momento antes de que aparecieran, yo estaba pensando en lo perfectamente bien que iba todo.

Era una de esas mañanas magníficas, y acababa de salir de debajo de la ducha fría sintiéndome como un chaval. De hecho, estaba especialmente pletórico en ese momento porque el día antes me había impuesto a Jeeves⁠—absolutamente impuesto, ya sabes. Verás, tal como iban las cosas, me estaba convirtiendo a pasos agigantados en un maldito siervo. El tipo me había tiranizado de lo lindo. No me importó tanto cuando me hizo renunciar a uno de mis trajes nuevos, porque el criterio de Jeeves sobre los trajes es acertado. Pero estuve a punto de rebelarme cuando no quiso dejarme usar unas botas de empeine de tela a las que quería como a dos hermanos. Y cuando intentó pisotearme como a un gusano a propósito de un sombrero, yo

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