sencillo.
Fue sobre la puerta que tenía la inscripción Informes donde propuse suspender la harina.
Ahora bien, tenderle una trampa explosiva a un ciudadano respetable como un director de colegio (incluso de uno inferior al tuyo) no es un asunto que deba tomarse a la ligera y sin una preparación cuidadosa.
Supongo que jamás he elegido un almuerzo con más premeditación que aquel día. Y después de una comida equilibrada, precedida por un par de martinis secos, regada con media botella de un buen champán seco y ligero, y rematada con un chorrito de brandy, habría sido capaz de tenderle una trampa a un obispo.
La única parte realmente difícil de la campaña fue deshacerse del muchacho de la oficina; pues, como es natural, uno no quiere testigos cuando anda colocando sacos de harina en las puertas. Afortunadamente, cada hombre tiene su precio, y no tardé en ingeniármelas para persuadir al muchacho de que había enfermedad en su casa y se le necesitaba en Cricklewood. Hecho esto, me subí a una silla y me puse a trabajar.
Habían pasado muchos, muchos años desde la última vez que me había enfrentado a un trabajo de esta índole, pero la vieja destreza volvió tan intacta como siempre. Tras dejar el bolso tan bien equilibrado que un simple