tanto por amor al arte dramático como porque había té gratis después de la función. Considerándolo todo, una muestra representativa de la vida y el pensamiento de Twing. Los Nibs cuchicheaban complacidos entre sí, las clases medias bajas se sentaban muy erguidas, como si las hubieran blanqueado, y los tipos difíciles mataban el tiempo cascando nueces e intercambiando chistes rústicos y de baja estofa. La chica, Mary Burgess, estaba al piano tocando un vals. A su lado estaba el vicario, Wingham, aparentemente recuperado. La temperatura, según calculo, rondaba los ciento veintisiete grados.
Alguien me dio un fuerte codazo en las costillas flotantes, y reconocí a Steggles.
—¡Hola! —dijo—. No sabía que ibas a bajar.
No me caía bien el tipo, pero los Woosters sabemos llevar la máscara. Puse una