la orilla, a mi hogar y a mis seres queridos. No me quedó más remedio que caer al agua. Me contó que a menudo había cazado a tipos de esa manera; y lo que yo sostengo, Jeeves, es que, si no consigo devolvérsela de algún modo en Skeldings —con todos los vastos recursos que una casa de campo ofrece a mi disposición—, ya no soy el hombre que era.
—Comprendo, señor.
Aún había algo en sus modales que me indicaba que, incluso ahora, le faltaba una total empatía y comprensión, así que, por delicado que fuera el asunto, decidí jugar a carta abierta.
—Y ahora, Jeeves, llegamos al motivo más importante por el que tuve que pasar las