quiero decir es que me hacía sentir alerta y audaz, como un alegre y viejo caballero andante o algo por el estilo. Sentía que estaba con ella en este asunto hasta el final.
—No veo por qué tu tío no iba a ponerse de lo más contento —le dije a Corky—. Pensará que la señorita Singer es la esposa ideal para ti.
Corky se negó a animarse.
“Tú no lo conoces. Aunque le cayera bien Muriel, no lo admitiría. Así de terco es. Por cuestión de principio se pondría a protestar. Lo único que tomaría en cuenta sería que yo me había mandado y había dado un paso importante sin pedirle consejo, y armaría un escándalo automáticamente. Siempre lo ha hecho”.
Me quebré la cabeza para salir de esta emergencia.