la oficina de Sippy, y era la siguiente. No voy a hacer un plano, porque mi experiencia es que, cuando uno lee una de esas novelas policíacas y llega a la parte en la que el autor dibuja un plano de la Mansión, señalando la habitación donde se encontró el cadáver, las escaleras que llevan al pasillo y todo lo demás, uno simplemente pasa de largo. Me limitaré a explicarlo en unas pocas palabras.
Las oficinas de The Mayfair Gazette se encontraban en el primer piso de un viejo y mohoso edificio cerca de Covent Garden. Uno entraba por la puerta principal y ante sí tenía un pasillo que conducía al local de Bellamy Bros., comerciantes de semillas y productos de jardinería. Ignorando a los hermanos Bellamy, uno subía las plantas y se encontraba con dos puertas enfrente. Una, con el rótulo de Privado, abría hacia el santuario editorial de Sippy. La otra —subtítulo: Informes— lo lanzaba a uno a una pequeña habitación donde un chico de recados se sentaba a comer caramelos de menta y a leer las aventuras de Tarzan. Si uno lograba rebasar al chico de recados, atravesaba otra puerta y ya estaba en la habitación de Sippy, exactamente igual que si se hubiera colado por la puerta que indicaba Privado. Perfectamente