él una tarde de noviembre, más o menos un mes después de haber vuelto a la ciudad tras mi visita a Twing Hall:
Digo yo, viejo Bertie, por fin estoy enamorado. Es la muchacha más maravillosa, viejo Bertie. Esto sí que es lo verdadero por fin, Bertie. Ven aquí ahora mismo y trae a Jeeves.
Ah, digo, ¿conoces esa tabaquería en Bond Street, en el lado izquierdo según subes? ¿Me traes cien de sus cigarrillos especiales y me los mandas aquí? Me he quedado sin nada. Sé que cuando la veas pensarás que es la muchacha más maravillosa. Procura traer a Jeeves. No te olvides de los cigarrillos.
—Bingo .
Lo habían entregado en la oficina de correos de Twing. En otras palabras, le había presentado esa espantosa bazofia