¿no?
Quería simpatía, ¿no lo comprende?—simpatía y bondad. Los viejos centros nerviosos se habían llevado un susto del carajo.
“Se le ha metido en la cabeza que este lugar le pertenece al señor Todd. ¿Qué demonios le habrá hecho pensar eso?”
Jeeves llenó la tetera con una dignidad contenida.
—Sin duda debido a las cartas del señor Todd, señor —dijo—. Fue sugerencia mía, señor, si lo recuerda, que fueran remitidas desde este apartamento para que el señor Todd pareciera poseer una buena residencia céntrica en la ciudad.
Recordé. En aquel momento nos había parecido una idea brillante.
—Pues es una situación de lo más incómoda, sabe, Jeeves. Me mira como a un intrusísimo. ¡Válgame Dios! Supongo que se pensará que soy de