apoyado contra una palmera en maceta a un par de pies del lado del apuntador, intentando poner cara de listo mientras la protagonista cantaba una canción sobre cómo el amor es como algo cuyo nombre se me ha escapado momentáneamente en este instante. Tras el segundo estribillo empezó a bailar junto a otra docena de pájaros igual de raros. Un espectáculo doloroso para alguien que era capaz de vislumbrar a la tía Agatha buscando el hacha y al viejo Bassington-Bassington padre poniéndose sus botas con clavos más recias. ¡Sin duda!
El baile acababa de terminar, y Cyril y sus amigotes se habían marchado arrastrando los pies hacia bambalinas cuando una voz habló desde la oscuridad a mi