coleccionara
Me senté en la orilla de la cama. Sentí vértigo.
—Sé exactamente cómo te sientes, viejo querido —dijo Motty con tono consolador—.
Y, si mis principios me lo permitieran, me calmaría por ti. ¡Pero el deber ante todo! Esta es la primera vez que me dejan salir a solas, y pienso sacarle el máximo partido. Solo se es joven una vez. ¿Para qué entrometerse en la mañana de la vida? ¡Joven, regocíjate en tu juventud! ¡Tra-la-la! ¡Toma ya!
Puesto así, parecía razonable.
“Toda mi maldita vida, querido muchacho —prosiguió Motty—, he estado metido en el hogar ancestral de Much Middlefold, en Shropshire, ¡y hasta que no te has metido en Much Middlefold, no sabes lo que es estar metido!
La única vez que tenemos algo de emoción es cuando a uno de los monaguillos lo pillan chupando chocolate durante el sermón. Cuando eso pasa, hablamos del tema durante días.
Me queda como un mes de Nueva York, y tengo la intención de acumular unos cuantos recuerdos felices para las largas tardes de invierno. Esta es mi única oportunidad de hacerme con un pasado, y voy a aprovecharla.
Ahora dime, viejo amigo, de hombre a hombre, ¿cómo se pone uno en contacto con ese tipo tan majo de Jeeves? ¿Se toca una campana o se pega un grito? ¡Me gustaría hablar con él sobre el asunto de un buen y cargado b. y s.!”
Tenía una