La carta llegó en la mañana del dieciséis. En ese momento estaba metiéndole un poco de desayuno a la jeta de los Wooster; y, sintiéndome bastante bien apertrechado de café y arenques, decidí comunicarle la noticia a Jeeves sin más dilación.
Como dice Shakespeare, si vas a hacer algo, más te vale lanzarte de golpe y quitártelo de encima. El hombre se llevaría un chasco, por supuesto, y posiblemente hasta se sentiría desairado; pero, caramba, un buen baño de desilusión de vez en cuando le viene bien a cualquiera. Le hace comprender que la vida es seria y la vida es formal.
—Oh, Jeeves —le dije—.
“¿Señor?”
“Tenemos aquí una comunicación de lady Wickham. Me ha escrito invitándome a