oí murmurar.
Le di unas palmaditas en el hombro con espíritu afectuoso. Me costó lo suyo, tenedlo en cuenta, pero lo hice.
—Si yo fuera tú —dije—, suspendería eso. Cancela el encuentro. Olvídate por completo, ese es mi consejo.
Me dirigió una mirada desagradable.
“¡No necesito su consejo, Mr. Wooster! Yo ya había tomado por mi cuenta la decisión de la que habla. Mr. Wooster, usted es amigo de este hombre —un hecho que por sí solo debería haberme servido de advertencia—. A diferencia de mí, usted volverá a verlo. Tenga la amabilidad de informarle, cuando lo vea, de que puede dar por terminados sus compromisos conmigo”.
—Muy bien —dije, y me apresuré a seguir a la multitud. Me