gorgoteó de alegría y me dio una palmada en la espalda. > «Bertie, viejo amigo, todo va bien. Soy el hombre más feliz de Nueva
—¿Y ahora qué?
—Bueno, verá, como le iba diciendo cuando entró Abe, el padre de Ray solía dedicarse a la profesión. Era de antes de nuestro tiempo, pero recuerdo haber oído hablar de él: Joe Danby. Solía ser muy conocido en Londres antes de venirse a América. Bueno, es un buen viejo, pero terco como una mula, y no le hacía gracia la idea de que Ray se casara conmigo porque yo no era del gremio. No quería ni oír hablar del tema. Bueno, ya recuerda que en Oxford siempre se me dio bastante bien cantar; así que Ray se buscó al viejo Riesbitter y le hizo prometer que vendría a escucharme ensayar y me conseguiría contratos si le gustaba mi trabajo. Ella goza de su favor. Me entrenó durante semanas, la querida. Y ahora, como le oyó decir, me ha conseguido un contrato de poca categoría por treinta y cinco dólares a la semana.
Me apoyé contra la pared. Los efectos de los estimulantes que me había proporcionado mi amigote del bar del hotel empezaban a pasarse, y me sentía un poco débil. A través de una especie de neblina creí ver a la tía Ágata enterándose de que el jefe de los Mannering-Phipps estaba a punto de subirse a las tablas del vaudeville. La devoción de la tía Ágata por el apellido familiar raya en la obsesión. Los Mannering-Phipps