Después de aquello, la vida en Twing transcurrió con bastante tranquilidad durante un tiempo. Twing es uno de esos lugares donde no hay mucho que hacer ni ninguna emoción frenética que esperar. De hecho, el único acontecimiento de cierta importancia en el horizonte, hasta donde pude averiguar, era la fiesta anual de la escuela del pueblo. Uno simplemente mataba el tiempo vagando por los jardines, jugando un poco al tenis y evitando al joven Bingo tanto como fuera humanamente posible.
Esto último era una medida muy necesaria si uno quería llevar una vida feliz, pues el asunto de Cynthia había alterado tanto al infeliz chucho que siempre andaba saliendo al paso de uno para desahogar su alma atormentada.