como uno de esos momentos en una obra de teatro en los que el tipo, a punto de entregarse al crimen, de repente escucha los acordes suaves y entrañables de la vieja melodía que aprendió en las rodillas de su madre. Ablandado, quiero decir. Esa es la palabra que busco. Me ablandé.
Y entonces por el umbral apareció brillando el buen viejo Jeeves detrás de una bandeja llena de los ingredientes necesarios, y había algo en el simple aspecto del hombre. …
Sin embargo, armé de valor el viejo corazón y lo intenté.
—Acabo de conocer al señor Little, Jeeves —dije.
—¿De veras, señor?
“Él... este...