molestado. Me figuro —este— que Berkeley se habrá llevado su estuche después de todo.
Cuando se hubo ido, cerré la puerta con cuidado. Luego me volví hacia Jeeves. El hombre estaba sacando mi ropa de etiqueta en una silla.
“Este—¡Jeeves!”
“¿Señor?”
“Oh, nada.”
Era condenadamente difícil saber cómo empezar.
“Este—¡Jeeves!”
“¿Señor?”
“¿Hiciste—Hubo—Tienes por casualidad—”
“Retiré el paquete esta mañana,