entre indeseables que me importaban un bledo; y sin embargo, aquí estaba yo ahora, rebosante de doblones y piezas de ocho, deseando entregárselos, y Bicky, un pobre pardillo, totalmente arruinado, sin querer saber nada a ningún precio.
—Bueno, entonces solo queda una esperanza.
—¿Qué es eso?
«Jeeves».
“¿Señor?”
Allí estaba Jeeves, de pie detrás de mí, lleno de celo. En esto de aparecerse de repente en las habitaciones, el amigo es raro hasta decir basta. Estás sentado en el viejo sillón, pensando en esto y aquello, y de pronto levantas la vista, y ahí está. Se desplaza de un sitio a otro con el mismo alboroto que una medusa. La cosa sobresaltó bastante