usted razón —dije—, y eso a veces me ha preocupado.
—Y yo también, amo Davy —replicó él—. ¡Aún más que sus andanzas temerarias, le aseguro, aunque ambas forman parte del cambio que hay en él! No sé si llegaría a usar la violencia bajo ninguna circunstancia, pero ojalá que esos dos se mantengan apartados.
Habíamos llegado, a través de Temple Bar, a la ciudad.
Ya sin conversar, y caminando a mi lado, se entregó por completo al único propósito de su vida devota, y continuó avanzando con esa concentrada reserva de sus facultades que habría hecho que su figura resultara solitaria en una multitud.
No estábamos lejos del puente de Blackfriars cuando volvió la cabeza y señaló hacia una solitaria figura femenina que se deslizaba rauda por la acera de enfrente. Reconocí de inmediato que era la figura que buscábamos.