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nydus/David CopperfieldPublic
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XII. Como la vida por mi propia cuenta no me gusta más, tomo una gran resolución

“¡Trato hecho por un tennor!”, dijo el joven de largas piernas, y se subió de inmediato a su carro, que no era otra cosa que una gran bandeja de madera sobre ruedas, y se alejó traqueteando a tal velocidad, que me costaba mucho trabajo seguirle el paso al burro.

Había algo desafiante en aquel joven, y en particular en la forma en que masticaba paja mientras me hablaba, que no me gustaba mucho; sin embargo, como el trato ya estaba hecho, lo subí a la habitación que estaba dejando, bajamos el baúl y lo pus-imos en su carro.

Ahora bien, no quería colocar la tarjeta con la dirección allí, no fuera a ser que algún miembro de la familia de mi casero descubriera lo que estaba haciendo y me detuviera; así que le dije al joven que agradecería que se detuviera un minuto cuando llegara a la tapia ciega de la prisión de King’s Bench.

No hube bien pronunciado las palabras, cuando salió zumbando como si él, mi baúl, el carro y el burro estuvieran todos igualmente locos; y me quedé sin aliento de tanto correr y llamarlo, hasta que lo alcancé en el lugar señalado.

Muy sofocado y excitado, al sacar la tarjeta se me cayó la media guinea del bolsillo. Me la puse en la boca por seguridad y, aunque me temblaban bastante las manos, acababa de atar la tarjeta a mi entera satisfacción, cuando sentí que el joven de piernas largas me propinaba un violento golpe por debajo de la barbilla y vi cómo mi media guinea salía volando de mi boca y caía en su mano.

—¡Cómo! —dijo el joven, agarrándome por el cuello de la chaqueta con una mueca espantosa—. ¿Que esto es un asunto de la poli, eh? ¿Que te vas a pirar, eh? ¡A la poli, pedazo de alimaña, a la poli!

—Devuélvame mi dinero, hágame el favor —dije, muy asustado—, y déjeme en paz.

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