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nydus/David CopperfieldPublic
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LIX

—No habitualmente. Me han llamado en ocasiones —respondió—. Fuertes desarrollos frenológicos del órgano de la firmeza en el señor Murdstone y su hermana, caballero.

Respondí con una mirada tan expresiva, que el señor Chillip se animó con ella y con el negus, a dar varios pequeños meneos de cabeza y a exclamar pensativo: «¡Ay, Dios mío! ¡Nos acordamos de los viejos tiempos, señor Copperfield!».

—¿Y el hermano y la hermana siguen con sus viejos hábitos, no es así? —dije yo.

—Bien, señor —respondió el señor Chillip—, un médico, al estar tan metido en las familias, no debería tener ni ojos ni ojos [sic]* ni oídos para otra cosa que no sea su profesión. Aun así, debo decir que son muy severas, señor: tanto respecto a esta vida como a la otra.

—El próximo se regulará sin tenerlos mucho en cuenta, me atrevo a decir —repliqué—: ¿qué están haciendo respecto a este?

El señor Chillip meneó la cabeza, removió su negus y lo sorbió.

—¡Era una mujer encantadora, señor! —observó con aire apesadumbrado.

“¿La actual señora Murdstone?”

—Una mujer encantadora, desde luego, señor —dijo el señor Chillip—; ¡tan amable, estoy seguro, como era posible serlo! La opinión de la señora Chillip es que su espíritu ha quedado completamente destrozado desde su matrimonio, y que está poco menos que melancólicamente loca. Y las damas —observó el señor Chillip, con timidez— son grandes observadoras, señor.

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