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nydus/David CopperfieldPublic
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XXXI. Una pérdida mayor

En esta abstrusa ocupación; al hacerle a Peggotty un inventario de todos los bienes de los que había entrado en posesión; al arreglar todos los asuntos de manera ordenada, y al ser su árbitro y consejero en cada punto, con deleite de ambos; pasé la semana anterior al funeral.

No vi a la pequeña Emily en ese intervalo, pero me dijeron que se casaría discretamente en quince días.

No asistí al funeral caracterizado, si me atrevo a decirlo. Es decir, no iba disfrazado con una levita negra y un crespón para espantar a los pájaros; sino que me fui caminando a Blunderstone temprano por la mañana, y estaba en el cementerio cuando llegó, acompañado únicamente por Peggotty y su hermano.

El caballero loco observaba desde mi ventanita; el bebé de Mr. Chillip mecía su pesada cabeza y ponía los ojos achinados al clérigo por encima del hombro de su niñera; Mr. Omer respiraba con dificultad en segundo plano; no había nadie más, y reinaba una gran tranquilidad.

Paseamos por el cementerio durante una hora, una vez terminado todo, y arrancamos unas hojas jóvenes del árbol que crecía sobre la tumba de mi madre.

Un terror se apodera de mí aquí.

Una nube se cierne sobre la lejana ciudad, hacia la que desanduve mis pasos solitarios. Temo acercarme a ella. No soporto pensar en lo que ocurrió, en aquella noche memorable; en lo que ha de volver a ocurrir, si sigo adelante.

No es peor porque escriba sobre ello.

No sería mejor si detuviera mi renuente mano.

Está hecho. Nada puede deshacerlo; nada puede hacerlo distinto de lo que fue.

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