—¡Jamás, oh, que Dios te perdone, Steerforth!, volver a tocar esa mano inerte con amor y amistad. ¡Jamás, jamás!
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XXIX. Visito a Steerforth en su casa, de nuevo
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—¡Jamás, oh, que Dios te perdone, Steerforth!, volver a tocar esa mano inerte con amor y amistad. ¡Jamás, jamás!