Oí decir que el hombre de la pierna de palo, cuyo nombre era Tungay, era un bárbaro obstinado que antes se había dedicado al negocio del lúpulo, pero que había entrado en la línea escolar junto con el señor Creakle, debido —según se suponía entre los muchachos— a haberse roto la pierna al servicio del señor Creakle, a haberle hecho muchos trabajos deshonestos y a conocer sus secretos. Oí decir que, con la única excepción del señor Creakle, Tungay consideraba a todo el establecimiento, maestros y alumnos, como a sus enemigos naturales, y que el único deleite de su vida era ser agrio y malicioso. Oí decir que el señor Creakle tenía un hijo que no había sido amigo de Tungay y que, al ayudar en la escuela, en cierta ocasión había presentado alguna protesta a su padre cuando la disciplina de esta se ejerció de forma muy cruel, y se suponía además que se había reblandecido ante el trato que su padre le daba a su madre,
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VI. Amplío mi círculo de amistades
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