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nydus/David CopperfieldPublic
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XXXVIII. Una disolución de sociedad

Esa criatura apacible, tras examinar la alfombra con un momento de reflexiva atención, se expresó con mucha y seca unción en los siguientes términos:

“Debo confesar que desde hace algún tiempo albergaba ciertas sospechas respecto a la señorita Spenlow, en lo que concierne a David Copperfield. Observé a la señorita Spenlow y a David Copperfield cuando se conocieron por primera vez; y la impresión que me causaron entonces no fue agradable. La depravación del corazón humano es tal—”

—Me hará el favor, señora —interrumpió el señor Spenlow—, de ceñirse a los hechos.

Miss Murdstone bajó los ojos, sacudió la cabeza como si protestara contra aquella inoportuna interrupción, y con ceñuda dignidad prosiguió:

–Como debo ceñirme a los hechos, los expondré tan secamente como me sea posible. Tal vez se considere este procedimiento aceptable.

Ya he dicho, señor, que desde hace algún tiempo abrigo sospechas de la señorita Spenlow en relación con David Copperfield. He procurado con frecuencia hallar una corroboración decisiva de esas sospechas, pero sin resultado. Me he abstenido, por lo tanto, de mencionárselas al padre de la señorita Spenlow —mirándole con severidad—, sabiendo cuán poca disposición suele haber en tales casos para reconocer el cumplimiento consciente del deber.

El señor Spenlow parecía bastante amedrentado por la caballerosona severidad de los modales de la señorita Murdstone, y reprobaba su rigor con un pequeño ademán conciliador de la mano.

—A mi regreso a Norwood, tras el periodo de ausencia motivado por el matrimonio de mi hermano —prosiguió la señorita Murdstone con

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