Había una parrilla en la despensa, en la que se cocinaba mi loncha de tocino matutina. La trajimos en un abrir y cerrar de ojos, y nos pusimos inmediatamente a llevar a la práctica la idea del señor Micawber. La división del trabajo a la que se había referido era esta: Traddles cortaba el cordero en rodajas; el señor Micawber (que podía hacer cualquier cosa de este género a la perfección) las cubría con pimienta, mostaza, sal y cayena; yo las ponía en la parrilla, las daba la vuelta con un tenedor y las retiraba, bajo la dirección del señor Micawber; y la señora Micawber calentaba y remueve continuamente salsa de champiñones en un cacito. Cuando tuvimos suficientes rodajas hechas para empezar, nos pusimos a comer con las mangas aún remangadas hasta las muñecas, mientras más rodajas chisporroteaban y ardían en el fuego, y dividíamos nuestra atención entre el cordero de nuestros platos y el que se estaba preparando.
Entre la novedad de aquella cocina, su excelencia, el bullicio, las constantes levantadas para vigilarla, las frecuentes sentadas para dar buena cuenta de ella a medida que las crujientes rodajas salían de la parrilla bien calientes, el estar tan ocupados, tan encendidos por el fuego, tan divertidos, y en medio de un ruido y un aroma tan tentadores, dejamos la pierna de cordero reducida al hueso.
Mi propio apetito regresó milagrosamente. Me avergüenza consignarlo por escrito, pero de verdad creo que me olvidé de Dora por un momento. Estoy convencido de que el señor y la señora Micawber no habrían disfrutado del banquete con más ganas ni aunque hubieran vendido una cama para pagarlo. Traddles se rio con tantas ganas, casi todo el tiempo, como comía y trabajaba. De hecho, todos lo hicimos, todo a la vez; y me atrevo a decir que jamás hubo un éxito mayor.
Estábamos en el colmo de nuestro deleite, y todos muy atareados, cada cual en su respectivo departamento, esforzándose por llevar la última tanda de rodajas a un estado de perfección que coronara el banquete, cuando me percaté de una extraña presencia en la habitación,