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nydus/David CopperfieldPublic
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LI. El comienzo de un viaje más largo

—Vamos, según lo prometido, a despedirse de esto, ¿eh, amo Davy? —dijo, tomando la candela—. Bastante desamueblado está ya, ¿verdad?

—En verdad habéis aprovechado bien el tiempo —dije.

—Vaya, no hemos estado de brazos cruzados, señor. La señora Gummidge ha trabajado como una... no sé como qué no habrá trabajado la señora Gummidge —dijo el señor Peggotty, mirándola, a falta de un símil lo bastante elogioso.

La señora Gummidge, apoyada en su cesta, no hizo ninguna observación.

—¡Ahí está el mismo arcón en el que solías sentarte, junto con Em’ly! —dijo el señor Peggotty en un susurro—. Me lo voy a llevar conmigo, de último. ¡Y aquí está tu viejo dormitorio pequeño, mira, amo Davy! ¡Casi tan desolado esta noche como el corazón podría desear!

En verdad el viento, aunque soplaba leve, tenía un sonido solemne y se arrastraba en torno a la casa abandonada con un lamento susurrado que era muy melancólico.

Todo había desaparecido, hasta el espejito con marco de concha de ostra.

Pensé en mí mismo, tendido aquí, cuando aquel primer gran cambio se estaba gestando en el hogar. Pensé en la niña de ojos azules que me había hechizado. Pensé en Steerforth; y una fantasía tonta y temerosa se apoderó de mí, la de que él andaba cerca y era probable encontrárselo a la vuelta de cualquier esquina.

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