Nací
Si he de resultar ser el héroe de mi propia vida, o si ese papel corresponderá a cualquier otro, estas páginas habrán de mostrarlo.
Para comenzar mi vida por el principio de mi vida, consigno que nací (según me han informado y creo) un viernes, a las doce de la noche. Se notó que el reloj empezó a dar las horas y yo comencé a llorar simultáneamente.
En consideración al día y la hora de mi nacimiento, la enfermera y algunas mujeres prudentes del vecindario que habían demostrado un vivo interés por mí varios meses antes de que hubiera posibilidad de que nos conociéramos en persona, declararon, primero, que estaba destinado a ser desafortunado en la vida; y segundo, que tenía el privilegio de ver fantasmas y espíritus; ambos dones indefectiblemente atribuidos, según creían, a todos los infantes desgraciados de cualquier sexo, nacidos hacia la madrugada de un viernes.
No necesito decir nada aquí acerca del primer punto, porque nada puede mostrar mejor que mi historia si dicha predicción se vio verificada o falseada por el resultado.
Sobre la segunda rama de la cuestión, solo observaré que, a menos que me hubiera gastado esa parte de mi herencia cuando aún era un bebé, todavía no he entrado en posesión de ella. Pero no me quejo en absoluto de haber estado privado de esta propiedad; y si cualquier otra persona la estuviera disfrutando en el presente, que se la quede de todo corazón.