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nydus/David CopperfieldPublic
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XVIII. Una retrospectiva

El tiempo se ha ido deslizando sin ser observado, pues Adams ya no es el alumno principal en los días que corren ahora, ni lo ha sido desde hace mucho, muchísimo tiempo.

Adams hace tanto que dejó la escuela que, cuando vuelve a visitara al doctor Strong, no quedan muchos allí, aparte de mí, que lo conozcan.

A Adams van a llamarlo al colegio de abogados casi enseguida, y va a ser abogado y a llevar peluca. Me sorprende encontrarlo un hombre más manso de lo que había pensado, y menos imponente en su apariencia.

Tampoco ha sacudido al mundo todavía; pues este sigue su marcha (según alcanzo a comprender) más o menos igual que si él nunca se hubiera unido a él.

Un vacío por el que los guerreros de la poesía y de la historia desfilan en huestes solemnes que parecen no tener fin⁠—¡y lo que viene después! ¡Ahora soy el alumno de la clase superior! Contemplo desde arriba la fila de muchachos que tengo debajo, con un interés condescendiente hacia aquellos que me traen a la memoria el muchacho que fui yo mismo cuando llegué allí por primera vez. Ese pequeño individuo no parece formar parte de mí; lo recuerdo como algo dejado atrás en el camino de la vida⁠—como algo que he dejado atrás, más que como algo que haya sido en realidad⁠— y casi pienso en él como si fuera otra persona.

¿Y la pequeña niña que vi en aquel primer día en casa del señor Wickfield, dónde está? Se ha ido también. En su lugar, el retrato fiel de la pintura, ya sin semejanza de niña, se desplaza por la casa; y Agnes —mi dulce hermana, como la llamo en mis pensamientos, mi consejera y amiga, el ángel custodio de las vidas de todos los que caen bajo su calmada, bondadosa y abnegada influencia— es toda una mujer.

¿Qué otros cambios han venido sobre mí, además de los cambios en mi crecimiento y aspecto, y en los conocimientos que he ido cosechando todo este tiempo?

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