Codal
nydus/David CopperfieldPublic
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LI. El comienzo de un viaje más largo

“No fue por mucho tiempo que sentí eso; pues ella fue encontrada. Me bastaba con pensar que ella estaba encontrada, y eso se esfumaba. No sé por qué habré de mencionarlo ahora, la verdad. No tenía en mente, hace ni un minuto, decir una sola palabra sobre mí; pero surgió de un modo tan natural, que cedí antes de darme cuenta”.

—Eres un alma abnegada —dijo mi tía—, y tendrás tu recompensa.

Mr. Peggotty, con las sombras de las hojas jugando sobre su rostro, hizo una inclinación de cabeza sorprendida hacia mi tía, en reconocimiento a su buena opinión; luego retomó el hilo que había abandonado.

—Cuando mi Em’ly huyó —dijo, con severa cólera por un instante—, de la casa onde la tenían prisionera aquela serpiente manchada que el amo Davy vio —¡y su historia es verdá, y que Dios lo maldiga!—, huyó por la noche. Era una noche oscura, con muchas estrellas brillando. Estaba loca.

Corrió por la playa del mar, creyendo que el viejo barco estaba allí; y nos gritaba que apartáramos la cara, pues ella iba a pasar. Se oía a sí misma gritando, como si fuera otra persona; y se cortaba con aquellas piedras y rocas de punta afilada, y no lo sentía más que si hubiera sido roca ella misma.

Muy lejos corrió, y había fuego ante sus ojos y bramidos en sus oídos. De repente —o eso creía ella, ya entiende—, rompió el día, húmedo y ventoso, y ella yacía debajo de un montón de piedra en la orilla, y una mujer le hablaba diciéndole, en la lengua de aquel país, qué era lo que había ido tan mal.

Él vio todo lo que relató. Pasó ante él, mientras hablaba, con tanta viveza que, en la intensidad de su fervor, me presentó lo que describía con mayor claridad de la que puedo expresar.

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