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nydus/David CopperfieldPublic
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XXXIII. Dichosa

  • El sol brillaba Dora, y los pájaros cantaban Dora. * El viento del sur soplaba Dora, y las flores silvestres de los setos eran todas Doras, hasta el último capullo. > Mi consuelo es que la señorita Mills me comprendía. La señorita Mills era la única capaz de compenetrarse por completo

No sé cuánto tiempo estuvimos andando, y hasta el día de hoy sé igual de poco a dónde fuimos. Tal vez fuera cerca de Guildford. Quizá algún mago de Las mil y una noches abrió aquel lugar por un día y lo cerró para siempre cuando nos marchamos.

Era un rincón verde, en una colina, alfombrado de césped tierno. Había árboles umbríos y brezo y, hasta donde alcanzaba la vista, un rico paisaje.

Era una prueba difícil encontrar gente aquí, esperándonos; y mis celos, incluso hacia las damas, no conocían límites. Pero todos los de mi propio sexo⁠—especialmente un impostor,

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