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nydus/David CopperfieldPublic
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XIV. Mi tía toma una determinación sobre mí

—¡Oh, desde luego! —observé débilmente.

—Si hay algo en el mundo —dijo mi tía, con gran decisión y firmeza de maneras—, que el señor Dick no sea, es eso.

No tenía nada mejor que ofrecer, salvo otro tímido: «¡Ah, de veras!».

—Lo han tenido por loco —dijo mi tía—. Tengo un egoísta placer en decir que lo han tenido por loco, o no habría disfrutado de su compañía y de sus consejos durante estos últimos diez años y más; de hecho, desde que tu hermana, Betsey Trotwood, me defraudó.

—¿Tanto tiempo? —dije.

—Y buena gente que era, los que tuvieron la audacia de llamarlo loco —prosiguió mi tía—. El señor Dick es una especie de pariente lejano mío; no importa cómo, no hace falta que entre en detalles. Si no llega a ser por mí, su propio hermano lo habría encerrado de por vida. Eso es todo.

Temo que fui un hipócrita, pero al ver que mi tía sentía tanta pasión por el tema, intenté poner cara de sentirla también.

—¡Un necio orgulloso! —dijo mi tía—. Porque su hermano era un poco excéntrico —aunque no es ni la mitad de excéntrico que muchísima gente—, no le gustaba tenerlo a la vista por su casa y lo mandó a algún manicomio privado; a pesar de que se lo había dejado bajo su especial cuidado el difunto padre de ambos, que lo tenía por casi un tonto de nacimiento. ¡Y menuda cabeza la del padre para pensar tal cosa! Chiflado él también, sin duda.

De nuevo, como mi tía parecía del todo convencida, me esforcé por parecer del todo convencido también.

—Así que intervino —dijo mi tía— y le hice una oferta. Le dije: «Tu hermano está cuerdo; mucho más cuerdo de lo que tú estás, o lo estarás

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