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nydus/David CopperfieldPublic
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LVII. Los emigrantes

Era entonces un atardecer sereno y radiante. El barco se hallaba entre nosotros y la luz roja; y cada línea sutil y cada verga se recortaban, visibles, contra el fulgor. > Un espectáculo a la vez tan hermoso, tan melancólico y tan lleno de esperanza como el de aquella gloriosa nave, flotando quieta sobre el agua encendida, con toda la vida a bordo amontonada en las bordas y congregada allí por un momento, con la cabeza descubierta y en silencio, jamás lo he vuelto a

Silenciosos, solo por un momento. Al desplegarse las velas al viento y empezar a moverse el barco, estallaron en todas las embarcaciones tres rotundos vítores, que los de a bordo secundaron y devolvieron en eco, y que fueron coreados y reoreados. El corazón se me desbordó al oír el sonido y contemplar la agitación de sombreros y pañuelos, ¡y entonces la vi!

Entonces la vi, junto a su tío, y temblando sobre su hombro. Él nos señaló con mano ávida; y ella nos vio, y me dirigió su último adiós con la mano.

Sí, Emily, hermosa y abatida, aférrate a él con la más absoluta confianza de tu corazón maltrecho; ¡pues él se ha aferrado a ti con toda la fuerza de su gran amor!

Rodeados por la luz rosada, y de pie en lo alto de la cubierta, apartados pero juntos, ella aferrada a él, y él sosteniéndola, se alejaron solemnemente. La noche había caído sobre las colinas de Kent cuando nos llevaron a la orilla en un bote, y había caído oscuramente sobre mí.

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