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XIII

de Kryloff, por supuesto se entiende que yo asumo el papel del asno. Su excelencia es el león del cual dice la fábula:

“ ‘Un poderoso león, terror de los bosques, Fue despojado de su gran valor por la vejez.’

Y yo, excelencia, soy el asno.

—Participo de su misma opinión en ese último punto —dijo Iván Fiódorovich con irritación mal disimulada.

Todo aquello era sin duda sumamente vulgar y, además, premeditado; pero, al fin y al cabo, Ferdíschenko se había hecho aceptar por todos en el papel de bufón.

“Si se me tolera y se me admite aquí —había dicho un día—, es simplemente porque hablo de este modo. ¿Cómo podría alguien recibir a un hombre como yo? Lo entiendo perfectamente. Ahora bien, ¿se me permitiría a mí, un Ferdíschenko, sentarme codo con codo junto a un hombre inteligente como Afanasi Ivánovich? Hay una explicación, una sola. ¡Se me da este puesto precisamente porque resulta del todo inconcebible!”.

Pero estas vulgaridades parecían agradarle a Nastasia Filípovna, aunque con demasiada frecuencia resultaban a la vez groseras y ofensivas.

Quienes deseaban ir a su casa se veían obligados a soportar a Ferdíschenko. Es posible que este último no se equivocara al imaginar que era recibido simplemente para molestar a Totski, quien lo detestaba profundamente. Gania también era a menudo el blanco de los sarcasmos del bufón, quien utilizaba este método para mantenerse en el favor de Nastasia Filípovna.

—El príncipe empezará por cantarnos una canción de moda —observó Ferdíschenko, y miró a la dueña de la casa para ver qué decía.

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