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IX

ideas y opiniones, insultar así a los «pemados» y despreciar a su novia del modo más ofensivo posible; y que, resistiéndose a los criados a los que se había ordenado que lo echaran de la casa, había cogido y arrojado al suelo un magnífico jarrón de porcelana.

Como adición característica a lo anterior, se decía por entonces que el joven príncipe amaba de verdad a la señorita con la que estaba comprometido, y que la había abandonado por motivos puramente nihilistas, con la intención de darse el gusto de casarse con una mujer caída ante todo el mundo, publicando así su opinión de que no hay distinción entre mujeres virtuosas y desacreditadas, sino que todas las mujeres son iguales, libres; y una mujer «caída», en verdad, algo superior a una virtuosa.

Se declaró que no creía en ninguna clase social ni en nada más, salvo en «la cuestión de la mujer».

Todo esto parecía bastante probable, y fue aceptado como un hecho por la mayoría de los habitantes del lugar, especialmente porque se veía respaldado, más o menos, por los acontecimientos cotidianos.

Por supuesto, se dijo mucho que no pudo comprobarse de manera absoluta.

Por ejemplo, se rumoreaba que la pobre muchacha había amado tanto a su futuro esposo que lo había seguido hasta la casa de la otra mujer, el día después de haber sido abandonada; otros decían que él mismo había insistido en que fuera, con el fin de avergonzarla e insultarla con sus burlas y confesiones nihilistas cuando ella llegara a la casa.

Fuera como fuese, el interés del público por el asunto crecía a diario, sobre todo al hacerse evidente que la escandalosa boda iba a celebrarse sin lugar a dudas.

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