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VII

Entre los nihilistas se pueden encontrar hombres educados, hasta hombres cultos; estos van más allá, en cuanto que son hombres de acción. El movimiento es, propiamente hablando, un derivado del nihilismo, aunque solo se les conoce de manera indirecta y de oídas, pues nunca publicitan sus actos en los periódicos. Van directos al grano. Para ellos no se trata de demostrar que Pushkin es estúpido, o que Rusia debe ser hecha pedazos. No; pero si desean algo con muchas fuerzas, creen tener derecho a conseguirlo aun a costa de las vidas, digamos, de ocho personas. No los frena ningún obstáculo. De hecho, príncipe, yo no le aconsejaría...

Pero Muishkin se había levantado y se disponía a abrir la puerta a sus visitantes.

—Los está calumniando usted, Lébedev —dijo él, sonriendo.

“Usted siempre está pensando en la conducta de su sobrino. No le crea, Lizaveta Prokófievna. Puedo asegurarle que Gorsky y Danílov son excepciones, y que estos solo están... equivocados. Sin embargo, no me importa recibirlos aquí, en público. Discúlpeme, Lizaveta Prokófievna. Ya vienen, y usted podrá verlos, y entonces me los llevaré. ¡Pasen, por favor, caballeros!”

Otro pensamiento lo atormentaba: se preguntaba si aquello sería un asunto apalabrado, dispuesto para suceder cuando tenía invitados en su casa, y en anticipación de su humillación más que de su triunfo.

Pero se reprochó amargamente semejante pensamiento, y sintió que se moriría de vergüenza si se descubriera. Cuando sus nuevos visitantes aparecieron, estaba muy dispuesto a considerarse a sí mismo infinitamente menos digno de respeto que cualquiera de ellos.

Entraron cuatro personas, encabezadas por el general Ivolgin, en un estado de gran excitación y hablando elocuentemente.

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