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XII

Por supuesto, la raíz de estas se hallaba en los acontecimientos que ya hemos registrado y que llenaron de tal modo a Vera de aflicción por cuenta del príncipe que cayó gravemente enferma. Pero cómo se fraguaron exactamente el conocimiento y la amistad, no sabríamos decirlo.

Hemos hablado de estas cartas principalmente porque en ellas se suelen encontrar noticias de la familia Yepantxín, y de Aglaya en particular. Evgueni Pávlovitch escribió sobre ella desde París que, tras un breve e imprevisto apego a cierto conde polaco, un exiliado, se habíacasado repentinamente con él, muy en contra de los deseos de sus padres, aunque estos acabaron dando su consentimiento por miedo a un escándalo terrible.

Luego, tras seis meses de silencio, Evgueni Pávlovitch comunicó a su corresponsal, en una larga carta llena de detalles, que durante su última visita al establecimiento del doctor Schneider, se había encontrado allí con toda la familia Yepantxín (a excepción del general, que se había quedado en San Petersburgo) y el príncipe S⁠⸺.

El encuentro fue extraño. Todos recibieron a Evgueni Pávlovitch con efusivo deleite; Adelaida y Alexandra le estaban profundamente agradecidas por su «bondad angelical hacia el infeliz príncipe».

Lizabetha Prokofievna, al ver al pobre Mishkin en su estado de debilidad y humillación, había llorado amargamente. Al parecer, se le había perdonado todo.

El príncipe S⁠⸺ había hecho algunas observaciones justas y sensatas. A Evgueni Pávlovitch le parecía que aún no reinaba una armonía perfecta entre Adelaida y su prometido, pero creía que, con el tiempo, la impulsiva muchacha se dejaría guiar por su sensatez y experiencia. Además, los recientes acontecimientos que le habían sucedido a su familia le habían dado a Adelaida mucho en qué pensar, especialmente

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