CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 317 de 938
Table of Contents

III

pienso hacerlo». «¡Ja, ja! ¡Estás oponiendo tu orgullo a tu estómago! Ese tipo de heroísmo no te sienta

—Dicho y hecho: se fue a la cama y no echó la llave. Por la mañana salió.

—¿Estás completamente loco? —dijo con brusquedad—. Mira que te vas a morir de hambre así.

—Perdóname —le dije.

—No, no te perdono, y no me casaré contigo. Ya lo he dicho. No habrás estado sentado en esta silla toda la noche sin dormir, ¿verdad?

—No dormí —dije.

—¡Mjm! Qué sensato por tu parte. ¿Y no vas a desayunar ni a comer hoy?

—Te dije que no lo haría. ¡Perdóname!

—No te haces idea de lo mal que te sienta este tipo de cosas —dijo—, es como ponerle una silla de montar a una vaca. ¿Te crees que me estás asustando? ¡Vaya, qué cosa tan terrible que te sientes aquí sin probar bocado! ¡Cómo me aterra!

No estuvo enojada mucho tiempo, y parecía no acordarse en absoluto de mi ofensa. Me sorprendió, pues es una mujer vengativa y resentida; pero entonces pensé que tal vez me despreciaba demasiado como para sentir algún resentimiento hacia mí. Y esa es la verdad.

«Se me acercó y me dijo: “¿Sabe quién es el Papa de Roma?”. —He oído hablar de él —le dije. —Supongo que habrá leído la Historia Universal, Parfén Semiónovitch, ¿verdad? —preguntó. —No he estudiado absolutamente nada —dije. —Entonces

317