—Así que basta de tonterías; ya es hora de que afrontemos la verdad. Toda esta vida continental, toda esta Europa de ustedes y todas esas patrañas sobre «irse al extranjero» son puras boberías, y es una pura bobería por nuestra parte venir. Acuérdese de lo que le digo, amigo mío; usted mismo vivirá para darme la razón.
Así habló la buena señora, casi con enojo, al despedirse de Evgueni Pávlovitch.