—Sí, pero el tipo de escándalo al que me refería puede ocurrir en cualquier momento. Puede ser esta misma noche —observó Gania dirigiéndose al general, con una sonrisa.
—Por supuesto; exactamente. En ese caso, todo depende de lo que esté pasando por su cerebro en este momento.
“Ya sabes cómo es ella a veces”.
—¿Cómo? ¿Qué clase de persona es? —exclamó el general, al límite de su paciencia.
—Mire usted, Gania, no vaya a molestarla esta noche. Lo que tiene que hacer es comportarse con ella lo más agradablemente posible. Bueno, ¿de qué se ríe? Tiene que comprender, Gania, que no tengo ningún interés en hablar así. Se resuelva como se resuelva la cuestión, será en mi beneficio. Nada hará que Totski se mude de su propósito, así que no corro ningún riesgo. Si hay algo que deseo, ha de saber que es únicamente el bien de usted. ¿No puede confiar en mí? Es usted un muchacho sensato y he estado contando con usted; porque, en este asunto, eso, eso…
—Sí, eso es lo principal —dijo Gania, sacando de nuevo al general de sus apuros, y curvando los labios en una sonrisa envenenada que ni siquiera intentó ocultar. Miró con sus ojos febriles directamente a los del general, como si estuviera deseando que este leyera sus pensamientos.
El general se puso morado de ira.
—¡Sí, por supuesto que es lo principal! —exclamó, mirando fijamente a Gania—. ¡Qué hombre tan curioso es usted, Gania! De verdad parece alegrarse de la llegada de este millonario, como si deseara una excusa para zafarse de todo el asunto. Este es un asunto en el que usted debería actuar con honradez con ambas partes, y dar el aviso oportuno para evitar