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V

apasionada en el alma rusa, y ¡qué descubrimientos había hecho en los últimos seis meses, qué descubrimientos tan inesperados! Pero toda alma es un misterio, y en el alma de un ruso se abren abismos de misterio. Había intimado con Rogozin, por ejemplo, y entre ellos había surgido una amistad fraternal; pero ¿lo conocía de verdad?

¡Qué de caos y de fealdad llenan a veces el mundo! ¡Qué bribón autosatisfecho es ese sobrino de Lébedev! «Pero en qué estaré pensando —siguió diciéndose el príncipe—. ¿Habrá cometido de verdad ese crimen? ¿Mató a esas seis personas? Me parece que estoy mezclando las cosas… ¡qué extraño es todo esto…! Me da vueltas la cabeza…

¿Y la hija de Lébedev? ¡Qué rostro tan simpático y encantador tenía cuando sostenía al niño en brazos! ¡Qué mirada tan inocente y qué risa tan infantil! Es curioso que me hubiera olvidado de ella hasta ahora. Supongo que Lébedev la adora, y bien pensado, creo firmemente que, tan verdad como que dos y dos son cuatro, ¡también quiere a ese sobrino!

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