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I

Había servido, al principio, en uno de los departamentos civiles, luego se había ocupado de asuntos relacionados con el gobierno local de ciudades de provincia y, últimamente, había sido miembro corresponsal de varias sociedades científicas importantes.

Era un hombre de excelente familia y sólida posición, de unos treinta y cinco años de edad.

El príncipe S⁠⸺ hizo amistad con la familia del general, y Adelaida, la segunda de las muchachas, le causó una gran impresión. Hacia la primavera le pidió matrimonio, y ella aceptó. El general y su esposa estaban encantados. El viaje al extranjero se pospuso y la boda se fijó para una fecha no muy lejana.

El viaje al extranjero habría podido ser disfrutado más tarde por la señora Epanchin y sus dos hijas restantes, de no ser por otra circunstancia.

Sucedió que el príncipe S⁠⸺ introdujo en la familia Epanchin a un pariente lejano suyo: un tal Evgenie Pávlovitch, joven oficial de unos veintiocho años, cuyas conquistas entre las damas de Moscú eran proverbiales.

Este joven caballero, apenas puso los ojos en Aglaya, se convirtió en un visitante frecuente de la casa. Era ingenioso, culto y extremadamente rico, como el general no tardó en descubrir. Su reputación pasada era lo único que jugaba en su contra.

No se dijo nada; ni siquiera se deslizó la más mínima indirecta; pero, a pesar de todo, a los padres les pareció mejor no volver a hablar de ir al extranjero en esta temporada, al menos. La propia Aglaya quizás fuera de otra opinión.

Todo esto sucedió justo antes de la segunda aparición de nuestro héroe en escena.

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