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I

Estaba dispuesto, del mismo modo, a cometer una acción baja con tal de obtener el objeto deseado; y sin embargo, cuando llegaba el momento de perpetrarla, descubría que era demasiado honrado para cometer una bajeza de gran envergadura. (No es que le repugnaran los actos de mezquindad insignificante; siempre estaba dispuesto a ellos). Miraba con odio y repugnancia la pobreza y la ruina de su familia, y trataba a su madre con altanero desprecio, a pesar de saber que todo su porvenir dependía del carácter y la reputación de ella.

Aglaya simplemente le había asustado; sin embargo, no abandonaba toda esperanza respecto a ella, aunque nunca albergó la seria esperanza de que ella se dignara mirarle. En la época de su «aventura» con Nastasia Filípovna, había llegado a la conclusión de que el dinero era su única esperanza; el dinero lo haría todo por él.

En el momento en que perdió a Aglaya, y después de la escena con Nastasia, se había sentido tan despreciable a sus propios ojos que de hecho le devolvió el dinero al príncipe. De esta devolución del dinero que le había dado una mujer loca, quien a su vez lo había recibido de un hombre loco, se había arrepentido a menudo desde entonces, aunque nunca dejó de estar orgulloso de su acción. Durante el breve tiempo que Myshkin permaneció en Petersburgo, Gania había tenido tiempo de llegar a odiarlo por su simpatía, a pesar de que el príncipe le había dicho que «no cualquiera habría actuado con tanta nobleza» como para devolver el dinero. También llevaba tiempo meditando sobre su relación con Aglaya, y se había convencido de que, con un carácter tan extrañamente infantil e inocente como el de ella, las cosas habrían podido terminar de muy distinta manera.

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