Ante ellos estaba Lizaveta Prokófievna.
—¡Vaya, es verdad que voy a casarme con Gavrila Ardaliónovich, que lo amo y que Pienso fugarme con él mañana! —exclamó Aglaya, volviéndose hacia su madre—. ¿Lo oyes? ¿Está satisfecha tu curiosidad? ¿Te alegra lo que has escuchado?
Con estas palabras, Aglaya se apresuró a regresar a su casa.
—¡Mjum! Bueno, de todos modos, usted no se va a marchar todavía, amigo mío —dijo Lizaveta, deteniendo al príncipe—. Tenga la amabilidad de venir a casa conmigo y déme una pequeña explicación del misterio. ¡Menudos sucesos estos! ¡Si ya de por sí no he pegado un ojo en toda la noche!
El príncipe la siguió.