Hay que destacar con qué facilidad precisamente esta teoría evita el peor escollo de toda interpretación de los sueños, a saber, el fracaso ante uno de los opuestos encarnados por el sueño. Puesto que para ella el sueño es el resultado de un despertar parcial («un despertar gradual, parcial y a la vez muy anómalo», dice la psicología de Herbart acerca del sueño), puede cubrir, mediante una serie de estados de un despertar cada vez más avanzado hasta la vigilia plena, toda la serie desde el rendimiento menor del sueño —que se delata por la absurdidad— hasta el rendimiento de pensamiento plenamente concentrado.
Aquel para quien el modo fisiológico de representación se ha vuelto indispensable o le parece más científico, encontrará expresada esta teoría del sueño en la descripción de Binz (p. 43):
»Pero este estado (de entorpecimiento) solo llega gradualmente a su fin en las primeras horas de la madrugada. Cada vez son menores las sustancias de fatiga acumuladas en la albúmina cerebral y mayor el número de ellas que es descompuesto o arrastrado por el torrente sanguíneo que fluye sin descanso.
Aquí y allá, aislados cúmulos de células ya despiertas brillan intensamente, mientras a su alrededor todo lo demás reposa aún en el entorpecimiento. Se manifiesta entonces el trabajo aislado de los grupos individuales ante nuestra conciencia nublada, y para él falta el control de otras partes del cerebro que dirigen la asociación.
Por eso las imágenes creadas, que en su mayoría corresponden a impresiones materiales del pasado cercano, se enlazan de manera salvaje y desordenada. Cada vez es mayor el número de células cerebrales que se liberan, y cada vez menor la sinrazón del sueño.«
La concepción del soñar como un despertar incompleto, parcial, o como vestigios de su influjo se encontrará ciertamente en todos los fisiólogos y filósofos modernos.