Conozco pacientes que, sin embargo, han conservado el simbolismo arquitectónico del cuerpo y de los genitales (dado que el interés sexual se extiende mucho más allá del ámbito de los genitales externos), para quienes los pilares y las columnas significan piernas (como en el Cantar de los Cantares), que hacen que cada puerta recuerde a uno de los orificios corporales («agujero»), que cada tubería de agua haga pensar en el aparato urinario, etc. Pero con igual agrado se elige como escondite de las imágenes sexuales el círculo ideatorio de la vida vegetal o de la cocina21; en el primer caso, el uso lingüístico, el sedimento de comparaciones fantasiadas de tiempos remotísimos, ha preparado abundantemente el terreno (la «viña» del Señor, la «semilla», el «jardín» de la doncella en el Cantar de los Cantares). En alusiones aparentemente inofensivas a las labores de la cocina se pueden pensar y soñar los detalles más feos y más íntimos de la vida sexual, y la sintomatología de la histeria se vuelve prácticamente inescrutable si se olvida que el simbolismo sexual puede ocultarse tras lo cotidiano y desapercibido como su mejor escondite. Tiene un muy buen sentido sexual que los niños neuróticos no quieran ver sangre ni carne cruda, que vomiten con los huevos y los fideos, que el miedo a la serpiente natural en el ser humano experimente en el neurótico un incremento monstruoso, y doquiera que la neurosis se vale de semejante velamiento, transita los caminos que en otras épocas culturales recorrió antaño toda la humanidad, y de cuya existencia, bajo un ligero escombramiento, dan testimonio todavía hoy el uso lingüístico, la superstición y la costumbre.
La simbología de lo sexual.
Aquí inserto el anunciado sueño floral de una paciente, en el que subraya todo lo que puede interpretarse sexualmente. Tras la interpretación,